Juan Giralt (Madrid, 1940-2007) conoció un éxito temprano que le hizo destacar muy joven entre los pintores de su generación. Junto a su dominio del color y la plasticidad, suele resaltarse la solidez e independencia de su apuesta pictórica, el hecho de que, sin ser ajeno a las corrientes de su tiempo, consiguiera conformar un lenguaje propio plenamente reconocible. Y ello a pesar de haber desarrollado su trayectoria en perpetua mudanza, huyendo de los encasillamientos, de las soluciones fáciles, de las fórmulas.
En los inicios de su carrera, se debatió entre la abstracción y la figuración, entre el análisis frío de las formas y del espacio y la expresividad del gesto, pero ya entonces con un visible anhelo integrador que cristalizaría en su espléndida madurez.
De formación autodidacta, realizó su primera exposición en la Galería Fernando Fé de Madrid en 1959 bajo el influjo del informalismo. Tras seguir estudios de pintura en Londres como alumno libre, residió sucesivamente en París y Amsterdam, donde conectó con el Grupo CoBrA y expuso en la galería Mokum en 1963.
Atraído más tarde por la figuración de Bacon, participó de la ruptura generacional con el informalismo ya desde finales de la sesenta, cuando descubrió el pop y empezó a trabajar en siluetas humanas seriadas.
En los setenta, su paleta se vuelve más ácida y, sin abandonar del todo el dibujo, quiebra la línea o la subvierte con enrevesadas geometrías y figuras automáticas que pinta sobre el lienzo o recorta en papel para componer collages. Mientras aumenta su presencia en bienales y ferias internacionales, participa como asesor en la creación de la mítica Galería Vandrés, donde expone individualmente en 1972, 1974 y 1976, y se convierte, junto a Luis Gordillo, en referente de la Nueva Figuración Madrileña.
La carrera artística de Juan Giralt comprende, groso modo, tres etapas. La primera, en la que evoluciona desde el expresionismo post CoBrA hacia una neofiguración de resonancias pop. La segunda, la de los ochenta, en que, tras alejarse de viejas complicidades y residir en Nueva York, se ensimisma y explora nuevas vías alternando la abstracción con hibridaciones pseudo figurativas introducidas mediante la técnica del collage. Y la tercera, su período de mayor compromiso con la abstracción, en la que concilia su viejo anhelo geometrizante con una tensión centrífuga que desestabiliza los equilibrios logrados mediante el brochazo repentino heredado del expresionismo y el juego metapictórico, a menudo irónico, entre la propia pintura y los elementos exógenos incorporados a ella -dibujos publicitarios, cartillas, mapas, retratos fotográficos, palabras inventadas…-.
Desde comienzos de los años noventa, en que su obra entró a formar parte de grandes colecciones públicas y privadas, la reputación de Giralt lo ha consolidado como una de las figuras más singulares y sugestivas del arte español contemporáneo. La huella de su desinhibido eclecticismo y de su peculiar tratamiento del espacio pictórico es rastreable en muchos artistas posteriores.